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Viernes Santo en Castilla - Darío de Regoyos

Posteado por Klara Ana — Junio 23rd, 2007 — Posteado en General

Darío de Regoyos (1857-1913) es un personaje crucial del fin de siglo español. Toda su obra se inscribe y entiende en ese momento clave donde las viejas tendencias se unen a los nuevos discursos procedentes de Europa.

Nacido en Ribadesella, pronto abandonaría su Asturias natal para viajar por distintos lugares de la geografía española y europea. Sin duda uno de los que más lo marcarían sería Bruselas, donde llegó a formar parte de varios círculos artísticos como L’Essor o Les XX, entrando en contacto, así, con personajes tan importantes como James Ensor o Felicien Rops de los que aprendería las claves del simbolismo belga.

Se suele dar por sentado que, tras una primera etapa de juventud, marcada por el viaje que en 1888 hiciera por tierras castellanas junto con Emile Verhaeren, y del que acabaría naciendo un libro, España negra, de enorme trascendencia para la evolución del arte español posterior; Regoyos experimenta una marcada evolución hacia la experimentación con la luz y el color que habitualmente se identifica con una asimilación del impresionismo. Esto es verdad tan solo a medias, y es que, aunque efectivamente, el asturiano incorpora en su madurez la técnica impresionista, sin embargo, sus intenciones están muy lejos de las preocupaciones cientificistas que movían a los pintores franceses, manteniendo, además, hasta el final de sus días la incorporación en sus cuadros de esos elementos con los que durante su “época de neurasténico” solía identificar la oscuridad del país: procesiones, imágenes religiosas,… Un buen ejemplo de todo ello es esta obra que ahora nos comentar: Viernes Santo en Castilla (1904).

Conocemos alrededor de una veintena de obras de temática ferroviaria salidas del pincel de Regoyos. Para éste, como buen hijo de ingeniero, el tren simbolizaba el progreso y la civilización moderna, pues posibilitaba sus constantes viajes a unos y otros lugares de Europa. Sin embargo, también percibía que, a su paso por las tierras castellanas, el ferrocarril había abierto un abismo ante el atraso y el peso de la tradiciones en el campo. Un aspecto éste, que, en plena consonancia con el pensamiento regeneracionista de los intelectuales del país, plasmaría en varias obras como ésta que nos ocupa.

En Viernes Santo en Castilla, Regoyos opone discursivamente dos masas cromáticas distintas y bien diferenciadas. Por un lado, aparece en gran cantidad ese tono ocre con que el pintor identificaba los yermos campos castellanos cantados por Machado, Azorín o Unamuno. Tierras éstas a las que sólia bajar desde su hogar en el norte en busca de inspiración, y que tan difíciles se le hacía pintar. Decía que “para pintar este país hay que tener un poco de azul y blanco, y sobre todo una gran cantidad de ese tono café ó lait… un ocre sucio pero algo asalmonado”. Dificultades que, sin embargo, le obligarían a mejorar técnicamente en busca de una mejor captación de los efectos lumínicos, un tema éste en el que sus planteamientos diferían notablemente del luminismo sorollista tan de moda en esos momentos. Frente a este color amarronado, Regoyos coloca el negro, que comparten el tren y la procesión, y que une a estos dos elementos, de forma simbólica, en la clarificación del mensaje que desea proyectar su autor. En este mismo sentido, llama la atención la forma en que están pintadas las figuras, simples manchas repetidas que se definen con los mínimos rasgos y que ni siquiera proyectan sombra, lo que incide, precisamente, en su presencia simbólica dentro del cuadro.

Se trata, pues, de dos líneas que se cruzan sin llegar a encontrarse nunca. Una, la colocada en la parte superior, que representa el progreso, la velocidad, el cambio y la civilización. El mundo del ruido y la historia, en la terminología unamuniana.Y la otra, en la parte inferior, que simboliza el atraso, la quietud, la tradición y el mundo rural. O, lo que es lo mismo, la intrahistoria.

Se podría decir, para acabar, que Regoyos consigue, a través de la división meramente espacial del cuadro, trasladar al lienzo todo ese abismo temporal que para los regeneracionistas existía entre el siglo XIX, el mundo del ayer, y el XX, el del mañana.

Klara Ana Salas Gómez
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BIBLIOGRAFIA:

• BERNAL MUÑOZ, J.L.: “Regoyos visto por Regoyos”, en Goya, nº 220, 1991, pp. 220-229.
• COLORADO CASTELLARY, A.: El arte en el noventa y ocho, Celeste Ediciones, Madrid, 1998.
• FERNANDEZ POLANCO, A.: Fin de siglo: Simbolismo y Art Nouveau, Historia 16 D.L., Madrid, 1989.
• GARCIA GUATAS, M.: “Paisajes con ferrocarril en la pintura de Regoyos”, en Goya, nº 299, 2004, pp. 115-123.
• LOZANO MARCO, M.A.: Imágenes del pesimismo: literatura y arte en España, 1898-1930, Universidad de Alicante, Alicante, 2000.

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