EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS > VER HTML

5. Enlaces

Posteado por Klara Ana — Junio 18th, 2007 — Posteado en

Estos son sólo algunos de los enlaces de interés que hemos seleccionado para completar tu visita por el otro lado de la literatura y la radio:

CALAVERA Y DIABLITO

http://calaveraydiablito.blogspot.com/

EL GALEON DEL MISTERIO

http://elgaleondelmisterio.com/

EL MUNDO DEL RADIOTEATRO

http://radioteatro.blogspot.com/

EN LA NUBE - RADIO 3

http://www.rtve.es/podcast/radio-3/en-la-nube/

LA AMANTE DE FRANKENSTEIN

http://amantefrankenstein.blogspot.com/

LA CIUDAD INVISIBLE

http://laciudadinvisibleradio3.blogspot.com/

LA LINTERNA MAGICA

http://horrolandia.blogspot.com/

LEER ESCUCHANDO

http://www.leerescuchando.com/

LIBROS Y COMENTARIOS

http://librosycomentarios.blogspot.com/

PALABRA Y VOZ

http://palabrayvoz.blogspot.com

REFLEXIONES DE UN ABURREOVEJAS

http://elrincondenacho.blogspot.com

TE IMAGINO

http://teimagino.com/

TERROR Y NADA MÁS

http://www.terrorynadamas.com/

15 comentarios »

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  1. ACABO DE LLAGAR DE TRABAJO ME ENCANTA TU PROGRAMA KLARA. TE COMENTO Q. SOY EL SEPTIMO HIJO BARON TE DICE ALGO LO DEJO EN TUS FANTASIA PARA VOS Y TODA TU GANTE LES DEJO MI E-MAIL JUAN_D_MARTINEZ@HOTMAIL.COM

    Comentario por juan d. m. — 5 Mayo 2008 #

  2. no tengo asociación con ellos, pero quizá un enlace podría ser a:

    http://leerescuchando.com/

    Comentario por Daniel — 8 Junio 2008 #

  3. Perfecto. No los conocía así que me los apunto ;)

    Este fin de semana saco tiempo y actualizo ésta y alguna otra sección.

    Comentario por Klara Ana — 11 Junio 2008 #

  4. Klara, me encanta tu programa.

    Que decir de tan buena seleccion de literatura? y la musica?, en verdad inmejorable.

    Seria deseable un programa de Arthur MAchen, dejo un link para algunas de sus obras
    http://www.tercerafundacion.net/biblioteca/ver/persona/573

    De igual forma, estaria encantado en el de “wendigo” de algernon Blackwood.
    (esta tambien el la pagina de tercerafundacion)
    Saludos desde mexico.
    Por cierto, si te interesa algo de leyendas de mi pais (Mexico), mandame un correo.

    Comentario por ALfonso — 27 Enero 2009 #

  5. Hola Alfonso…

    Adoro a Machen. Así que prontito, espero, corresponderé a tu petición… ;)

    Lo de Blackwood, más adelante… que hace poco leí “Luces antiguas”…

    De todas formas, estamos en contacto…

    Un abrazo,

    K.

    Comentario por Klara Ana — 27 Enero 2009 #

  6. Mi admirada Klara…Realmente me he llevado una grandísima sorpresa. Muchísimas gracias por incluir mi enlace en tu blog…Para mi es un honor…

    Besos

    Kala

    Comentario por CG-Calavera — 4 Marzo 2009 #

  7. Enhorabuena por el programa. Es todo un placer hacer girar la ruedecilla del transistor y toparse con algo de calidad (y buena) en el díal.

    Comentario por Juan — 17 Junio 2010 #

  8. Os sugiero un enlace que os puede interesar: Actually Notes, Revista de Arte, Historia y Literatura.
    http://www.actuallynotes.com
    Saludos a todos!

    Comentario por Ana — 27 Junio 2010 #

  9. Hola querida Ana. Me encanta tu programa. Tienes una voz encantadora. Te escucharía todos los días si pudiera. jeje. Podrás leer algo de Lovecraft, King, Barcker, david jaso, santiago eximeno? Aunque no tengo relación con ninguno de ellos te recomiendo escuchar divergencia cero. http://www.divergenciacero.com/ Un gran beso desde Argentina.

    Comentario por marcelo gutiérrez — 28 Junio 2010 #

  10. Hola amigos y oyentes de el Corazón de las tinieblas. Quisiera saber si existe la posibilidad de encontrar los primeros programas de nuestra querida Ana. Me refiero a programas anteriores al 290 porque en el sitio donde están alojados los programas no hay nada anterior a este. Estaría muy agradecido de saber si puedo descargar de algún sitio los 289 programas anteriores(ya se que son muchos, pero soñar no cuesta nada, verdad?). Si alguien puede decirme donde, por favor escríbame a romeo_2104@hotmail.com Desde ya, muchísimas gracias. De verdad si aunque séa unos pocos programas, en especial los primeros, les estaría muy agradecido. Les mando un gran saludo y uno muy especial a Ana. Marcelo Gutiérrez desde Argentina.

    Comentario por marcelo gutierrez — 30 Julio 2010 #

  11. Creo que ya lo he dicho alguna vez… No existen grabaciones de los primeros años de emisión de El Corazón de las Tinieblas… En aquel momento el programa se emitía en directo y no grababa las emisiones salvo para oírme después y mejorar cosas… pero no hay nada guardado de entonces… Lo siento!

    Comentario por Klara Ana — 1 Agosto 2010 #

  12. Querido Monstruo:

    Ya no te tengo miedo. Mi papi dice que no existes y que no puedes llamar a tus amigos porque ellos tampoco existen. Cuando sea de noche voy a cerrar los ojos antes de apagar la luz del buró y voy a abrazar bien fuerte a mi osito Bonzo para que él tampoco tenga miedo. Si te oigo gruñir en el clóset pensaré que estoy dormida. No quiero que mi papi se despierte y me regañe.

    Ya sé que me quieres comer, pero como no existes nunca podrás hacerlo; aunque yo me pase los días pensando que a lo mejor esta noche sí sales del clóset, morado y horrible como en mis pesadillas…

    Mañana, cuando juegue con Hugo, le voy a decir que te maté y que te dejé enterrado en el jardín y que nunca más vas a salir de ahí. Él se va a poner tan contento que me va a regalar su yoyo verde y me va adecir dónde escondió mis lagartijas (siempre ha dicho que tú te las comiste, pero eso no puede ser porque mi papi me dijo que no existes y mi papi nunca dice mentiras.)

    Voy a dejarte esta carta cerca del clóset para que la veas. Voy a pensar en cosas bonitas como en ir al mar, o que es Navidad, o que me saqué un diez en aritmética. ¡Adiós, monstruo!, que bueno que no existas.

    firma: LUCY
    PD: No tengo miedo. No tengo miedo. No tengo miedo.

    ———–

    Mi pequeña Lucy:

    ¿Cómo que no existo? Tu papi no sabe lo que dice. ¿Acaso no me inventaste tú misma el día de tu cumpleaños número siete? ¿Acaso no platicabas conmigo todas las noches y te asustabas con los extraños ruidos de mis tripas? Todas las noches te observé desde el clóset y tú lo sabías…

    Aunque nunca me viste conocías de memoria mis ojos, mi lengua y mis colmillos; pues todas, todas las noches me soñabas. Por eso cuando leí tu carta sentí tanta desesperación. Por eso destrocé tus juguetes y me comí de un solo bocado a tu delicioso osito Bonzo.

    Lo juro, Lucy, tú ya estabas muerta. Tenías los ojos abiertos y cuando toqué tu barriguita estaba más fría que mi mano. Seguramente te mató el miedo y yo no pude comerte pues no me gusta el sabor de los niños muertos. Lo único que hice fue regresar al clóset y llorar de tristeza hasta quedarme dormido…

    ¡Pobre Lucy! ¡Pobre Lucy y pobre monstruo solitario!

    Ahora tendré que salir de aquí, alejarme de los adultos que cuidan tu pequeño ataúd y dejar esta carta donde puedas encontrarla… Necesito la risa de un niño y necesito el miedo de un niño para seguir vivo.

    Por cierto, Lucy, ¿dónde dices que vive tu amigo Hugo?

    Atentamente
    EL MONSTRUO
    Escrito por: Ricardo Bernal

    Comentario por arkano101 — 6 Junio 2011 #

  13. No se duerma en el Metro!
    Mario Mendez Acosta

    Hay cosas en la vida, y eso incluye a esta Cd de México, que más vale que nunca averigüemos. La ignorancia nos permite dormir con placidez en la noche, y concentrarnos en nuestros respectivos trabajos. Por ejemplo: ¿Se ha preguntado usted qué les sucede a las personas que se quedan dormidas en el Metro, cuando éste llega a la Terminal de una línea, lo que causa que no escuchen la advertencia que les pide abandonar el vagón y sigan adelante en el mismo, adentrándose en un profundo túnel oscuro que aparentemente no lleva a ninguna parte? La verdad es que esa es una de esas cosas que en realidad no nos conviene averiguar, si es que queremos mantener la ilusión de que vivimos en un universo racional.

    Sin embargo, no está de más tomar algunas precauciones sencillas, que bien pueden evitarnos experiencias en verdad lamentables. Una de ellas es la de no dormirnos nunca en el Metro; en especial, después de la puesta del sol. Para Arturo Marquina, periodista ya no tan joven, y autor ocasional de relatos de ficción científica, cuentos de horror y novelitas policiacas, ese descuido le produjo un extraño desarreglo que sus amigos califican casi de locura. Se niega Arturo, quien es una persona sensata, racional y de buen humor, a acercarse siquiera a las entradas al Metro. Se niega también a pasar por encima de las ventilas o registros del sistema de Transporte Colectivo de esta capital. En eso puede ponerse hasta agresivo y desagradable. Marquina se niega a hablar de esa extraña fobia que lo aqueja. Siempre logra desviar la conversación cuando se le interroga al respecto. Sólo una vez, en una cantina de Bucareli, después de varias horas de consumo y animada conversación, llegó un momento en que se puso serio e hizo una advertencia a uno de los amigos, que le dijo que usaba a el Metro cotidianamente y en especial a muy altas horas de la noche. “¿Llegas a alguna terminal a esas horas?, preguntó Arturo. Ante la respuesta afirmativa, nuestro amigo abandonó su discreción. “¿Tú has sabido qué le ocurre a las personas que se quedan dormidas en los vagones que siguen avanzando después de la última estación?-“La verdad, no”-repuso su compañero. “Yo sí lo sé”, continuó Arturo.”Esto que te voy a contar no es un cuento, te pido que me lo creas, por tu bien. Nunca lo repetiré ante ustedes”.

    Fue hace justo un año. Serían cerca de las once de la noche y salía yo del trabajo después de un día durísimo. Tomé el Metro en la estación Hidalgo, y me dirigí hacia Tacaba. Ahí transbordé hacia Barranca del Muerto. Ya a esa hora, el Metro va casi vacío. Cerca de Tacubaya me quedé dormido. El tren llegó sin duda a la Terminal, sin que yo despertara. No oí la distorsionada voz de advertencia que sale del sistema del sonido, ni el insistente pitido del silbato electrónico que anuncia las paradas. Después, unos segundos después, cuando ya el vagón se dirigía hacia el inquietante túnel que continúa el trayecto, alcancé a ver el letrero y la insignia de mi estación de destino la cual quedaba atrás. Con preocupación y fastidio, pude ver que no iba solo. Unos asientos más adelante iba un tipo viejo y desastrado, en evidente estado de ebriedad que seguía dormido y cabeceaba con cierto ritmo. Pensé que quizá este tren cambiaría de vía y regresaría por el mismo trayecto en unos momento más. Pero no fue así.

    “El vagón siguió adelante, se desvió hacia la derecha y después de avanzar varias decenas de metros, hizo alto en un lugar totalmente oscuro. El motor se detuvo y lo mismo la ventilación. El silencio más absoluto cayó sobre nosotros. Fue entonces cuando las luces se apagaron. Ahí, empecé a sentir algo de miedo. Había un poco de claridad, proveniente de la parte posteior del túnel. Por fortuna, traía mi linterna de bolsillo y además ésta tenía pilas. Me paré y me dirigí a mi aún dormido compañero de tribulación. Me acerqué a él y lo sacudí por el hombro. Me preguntó qué pasaba y rápidamente le expliqué nuestra situación. Respondió con una imprecación y puso su rostro contra la ventana para tratar de ver dónde nos hallábamos. Me di cuenta que este vagón se quedaría ahí toda la noche, por lo que me dispuse a tratar de forzar una de las puertas. Era inútil, me convencí que sólo saltando a través de una de las ventanas podríamos salir del carro. Fue entonces cuando oí un ruido en el techo. Algo cayó encima del vagón y recorría el techo. De pronto, se escuchó otro ruido en el extremo opuesto del carro. Dirigí el haz de mi linterna y pude ver una sombra que caía al suelo después de haber entrado por laventana. “¡Vaya, al fin!… ¡Oiga, necesitamos que nos ayude a salir!” No hubo respuesta. El borracho fue más directo. Avanzó hacia el intruso y lo tomó por las ropas. “¡Sáquenos de aquí! ¡Esto es un atropello, malditos burócratas!”. El extraño no respondió, sólo levantó una mano.

    “A la luz de mi linterna pude ver que era blanca como la harina, delgada y fibrosa, y con unas larguísimas uñas que semejaban garras. Como un rayo, esa mano rasgó la garganta del pobre vagabundo. Fue entonces cuando vi el rostro del ser que tenía enfrente. Pálido, calvo, con enormes ojos amarillos, orejas largas, una nariz grotescamente respingada con dos protuberancias carnosas en la punta. Vi como abrió la boca llena de dispares y puntiagudos dientes, que pronto recibió el borbotón de sangre que salía del desafortunado pasajero. Fue en esos momentos cuando recibieron mis narices la patada del nauseabundo olor que despedía esa criatura. El espectáculo y el olor me hicieron de inmediato vomitar. En medio de las arcas de la basca, escuché otro ruido metálico detrás de mí. ¡Alguien más entraba al vagón por otra ventana! No esperé un segundo más. Me lancé hacia el primer intruso, que aún se cebaba en su víctima, y derribándolos a ambos llegué a la ventana por donde había penetrado el primer monstruo. Escuché un forcejeo detrás de mí, con el que sin duda el invisible perseguidor se abría paso también entre la pareja víctima-victimario que se interponía entre nosotros. Salté fuera del vagón y logré caer en el suelo sin dislocarme siquiera un tobillo. Emprendí la huída, como un poseso, hacia el extremo iluminado del túnel. Detrás de mí se dejaba oír un jadeo que acompañaba rítmicamente a un penetrante chillido.

    “La luz aumentaba poco a poco. Sentía que mi perseguidor rápidamente iba descontando ventaja. Decidí voltear la cabeza… y quizá eso sea lo que más me ha desgraciado la vida de toda esa experiencia. Vi a un ser similar al que había despedazado al pobre ebrio en el vagón, nada más que éste mostraba una regocijada sonrisa idiota. En la penumbra del túnel veía su tez, amarillo limón, y su larga frente con que se relamía con anticipación. Por fortuna, de frente llegaba otro tren de vagones del Metro. Salté a su paso y alcancé la parte central del túnel. Mi perseguidor no quiso hacer lo propio. Recorrí los últimos metros que me separaban ya de la iluminada estación. Al llegar a ella, subí al andén. Justo a tiempo. Unos metros atrás la criatura, que se había desplazado por el techo del túnel, asida de sus largas garras, tanto de manos como de pies, cayó detrás de mí y alcanzó a lanzarme un zarpazo a la pantorrilla”.

    Arturo nos mostró una cicatriz, que aún dejaba ver las huellas de una prolongada infección que apenas había sido dominada.

    “Ya en el andén, emprendí la carrera hacia la calle. No me detuve hasta llegar a mi departamento, donde atranqué la puerta y me refugié en un garrafón de mezcal.

    “Me expliqué por qué en los talleres del Metro se trapea y se friega con tanto esmero el piso de los vagones todas las mañanas. ¡No se duerman en el Metro! Si lo hacen, corren el peligro de, por lo menos, no volver a dormir nunca más con tranquilidad”..

    Comentario por arkano101 — 6 Junio 2011 #

  14. Oh!

    Hola, desconocido! Sólo he leído el primero de los cuentos que me has dejado, pero me alegrado la mañana, así, nada más despertar… Gracias!!! El otro me lo guardo para luego! ;D

    Un beso!

    Comentario por Klara Ana — 6 Junio 2011 #

  15. Hola,Klara! Es un gusto enorme saber q al momento,al menos uno,te ha gustado,ojala el otro tambien sea de tu agrado,estoy buscando un tercero,uno q te anime a hacer un programa donde leas los 3,pido mucho,verdad?,jajaja! Bueno,al menos 1! Un abrazo,un beso y un suspiro desde Mexico!

    Comentario por arkano101 — 9 Junio 2011 #

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