Eduardo Chillida 1924-2002 / Fundaci贸n Bot铆n
Con el t铆tulo Eduardo Chillida 1924-2002, la Fundaci贸n Marcelino Bot铆n mostr贸, entre el 6 de abril y el 11 de junio de 2006, una exposici贸n concebida especialmente por el Museo Chillida Leku para la sala de Santander que coincidi贸, adem谩s, en el tiempo, con otras dos que estaban siendo llevadas a cabo en el Guggenheim de Bilbao y en el propio Chillida-Leku de Hernani.
La que en su d铆a ofreci贸 la Fundaci贸n Bot铆n estaba pensada como una mirada retrospectiva y globalizadora con la que se trataba de mostrar al artista vasco en toda la dimensi贸n y evoluci贸n de su obra, configur谩ndose, as铆, como la m谩s completa exposici贸n que del creador se haya mostrado hasta el d铆a de hoy en Santander.
Organizada alrededor de la obra Homenaje a la mar IV, una fascinante pieza de alabastro situada en el patio central, la muestra acogi贸 hasta 113 piezas entre esculturas de distintos tama帽os y materiales, dibujos de distintas 茅pocas, gravitaciones, grabados y libros de autor. Adem谩s, y como complemento a la observaci贸n directa de estas obras, una proyecci贸n permit铆a ver al artista trabajando en distintas creaciones.
La gran virtud de esta exposici贸n fue su capacidad para poner de manifiesto algunos de los planteamientos y ejes en torno a los cuales se configur贸 toda la actividad creadora de Chillida. As铆, mostraba, por ejemplo, la estrecha relaci贸n del artista vasco con la Naturaleza con la que establece un verdadero di谩logo a trav茅s de sus obras. Esta se presentaba en la muestra, no como un ente pasivo, sino con una personalidad propia y cambiante. La Naturaleza crea, junto a Chillida, unas obras que van variando seg煤n la mirada se pose en ellas en un momento u otro del d铆a. Ejemplos de esto los tenemos en la pieza de alabastro que antes mencion谩bamos, y de la que se apoderan viento, nubes y sol para crear formas y colores que cambian constantemente, o en el peque帽o peine del viento, que parece intentar apresar el aire con sus r铆gidos y, a la vez, gr谩ciles dedos. Tambi茅n las fr谩giles gravitaciones, pensadas para colgar libres entre las paredes de la casa del escultor, dejan que la luz penetre por sus huecos sombr铆os creando una relaci贸n casi musical entre sombra y luz.
Por otro lado, la indagaci贸n sobre las posibilidades de los materiales, tierra, hierro, papel o piedra, que fuerza hasta llevar a su extremo, nos habla de un creador que por encima de todo se sent铆a escultor. Ni los grabados, de una sencillez y elegancia casi orientales, ni los dibujos se libran de su permanente experimentaci贸n acerca del espacio, la masa y el volumen. De hecho, estos 煤ltimos muestran t铆midos esbozos de formas humanas, fundamentalmente manos, que preludian ya algunas de las formas que m谩s tarde logra objetivar en sus tierras chamotas.
Finalmente, tan s贸lo echamos en falta, viendo la exposici贸n, el poder contemplar muchas de esas obras en su estado natural, en contacto con el mar y el aire, para el cual fueron creadas.
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